La cena, por cierto, ni se compara a los simples platos de pasta que le preparamos nosotros.
Después de cenar, tuvimos la oportunidad de descubrir otra cara de Marruecos: la noche. Salimos alrededor de media noche hacia un club de Jazz cerca del centro y del puerto, que se llama "Jazz sous la Rocher". Tocaron una música estupenda en vivo y nos prepararon unas caipirinhas deliciosas.
Por cierto, cerca de la casa de Souad, había una mezquita. En Marruecos los minaretes de las mezquitas tienen altavoces para llamar a la pregaria, lo que provoca una sensación muy especial y te recuerda dónde estás. Lo que no sabía porque no oí en Fez, es que la primera pregaria es a las cinco de la mañana, así que estando en pleno sueño dimos un bote cuando oímos los cantos y las llamadas porque el templo estaba a un par de calles. La segunda noche ya casi lo habíamos incorporado a nuestros sueños.
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