Casablanca fue, esta vez, nuestro destino. Es la capital financiera y cultural del país, aunque no la administrativa y oficial que, como sabéis, es Rabat, a tan solo 80 Km al norte. Casablanca es, además, un importante punto de conexión para viajeros y mercancías, tanto por mar, puesto que tiene uno de los puertos más importantes de la costa atlántica africana, como por aire, ya que en su aeropuerto (enorme y espléndidamente nuevo) hacen escala prácticamente todos los vuelos europeos que van a cualquier punto de África.
Dar beïda en árabe-marroquí o Casa, como la llaman ellos cariñosamente, se llamaba hace muchos siglos Anfa. Debido a que los marineros portugueses (que más tarde la ocuparían) la identificaban por mar gracias a una casa blanca en la costa, se quedó con ese nombre. Hoy en día le hace honor al topónimo con su arquitectura clásica y art-deco pintada prácticamente por completo de blanco. Eso le da una personalidad distinta que difiere mucho del recuerdo que tenemos del centro de Fez o Meknes.
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