La iglesia como edificio resulta curioso puesto que recuerda en algunos aspectos a la iglesia católica y en otros a las mezquitas: tienen alfombras y la gente se sienta en el suelo, rezan en el suelo inclinando su cuerpo hacia adelante sobre sus rodillas y la mayoría de las mujeres van con el pelo cubierto con un pañuelo, aunque también se puede entrar descubierta. Los curas, por ejemplo, son como en el protestantismo: pueden casarse y tener hijos. Se santiguan de arriba, abajo, derecha e izquierda y tienen santos e imágenes. En la entrada siempre hay una pileta con agua y vasos para servirse y beber si uno tiene sed. Las pinturas no empiezan únicamente al entrar en la iglesia sino que en el corredor del patio de la iglesia ya se encuentran algunas bien interesantes como se ve en la penúltima foto.
Un ejemplo de la tolerancia religiosa de Rumanía fue la visita del Papa Juan Pablo II, puesto que fue el único país ortodoxo que pudo visitar.
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